Las horas miden cuánto se tarda. No miden lo que ese trabajo cambia en tu negocio. Por eso no medimos el tiempo que pasa: medimos lo que cada acción mueve dentro de tu comunicación. A esa unidad la llamamos punto.
Desde siempre, en el mercado de la comunicación, suelen facturarse los servicios de dos maneras, y las dos crean un conflicto silencioso entre lo que a ti te conviene y lo que le conviene a quien te cobra.
Por horas. Cuanto más tardan, más facturan. El proveedor no gana cuando resuelve tu problema rápido: gana cuando el reloj sigue corriendo. La eficiencia la pones tú, y la pagas como si fuera ineficiencia.
Por precio cerrado. Pagas un precio fijo por un alcance fijo. Suena seguro, hasta que aparece lo imprevisto: entonces a quien te lo vendió le interesa entregar lo justo. Cada hora de más que dedican es margen que pierden, así que el incentivo es hacer lo mínimo que quepa en el contrato.
En los dos casos, el dinero que quieres invertir en avanzar se va en proteger el margen de otro.
Tratamos tu comunicación como un motor con muchas palancas para que sea tu sistema de crecimiento, y lo gobernamos con datos. Cuando lo tratas así, el impacto no va de la mano del esfuerzo. Entender por qué tus mejores oportunidades se enfrían sin respuesta y dar con la solución puede ser cosa de una mañana, y el efecto alcanza a todo tu motor comercial. Y al revés: hay tareas que consumen días y apenas mueven la aguja.
Si lo que vendemos es avance, cobrar por horas sería cobrarte justo por lo que no importa. Por eso medimos en puntos: para cobrar por lo mismo que te pedimos mirar a ti, el resultado, no la actividad.
Ese resultado lo dejamos medido en tu sistema: oportunidades que llegan a tu CRM, conversión que mejora por etapa, decisiones que dejan rastro.
No te pedimos que confíes en que valió la pena. Te lo enseñamos.
Un punto no mide tiempo, mide valor: cuánto pesa una acción dentro de tu comunicación y cuánto la hace avanzar. Por eso una acción breve pero decisiva puede valer más que una larga de bajo impacto: lo que cuenta no es lo que ocupa, sino lo que mueve en tu negocio.
Además, te protege. El número de puntos se acuerda contigo antes de empezar, dentro de la hoja de ruta. Si el trabajo resulta mayor de lo que habíamos estimado, es problema nuestro, no tuyo: tú pagas los puntos acordados, no nuestros errores de cálculo.
Detrás de cada acción hay una decisión: qué hacer, cómo debe funcionar y hacia dónde dirigir el conjunto. Por eso distinguimos tres tipos de trabajo, según la decisión que llevan dentro.
Producción. Implementar lo que ya está definido: la acción que materializa el plan y lo deja funcionando.
Consultoría. Diseñar cómo debe funcionar tu comunicación, los procesos, el criterio y la lógica que ordenan marketing, ventas y servicio. Es la mayor parte de lo que hacemos.
Estratégico. Tomar las decisiones de las que cuelga todo lo demás: la dirección del conjunto.
Con nosotros, tu inversión se concentra en las decisiones que hacen crecer tu negocio, no en mantenerte ocupado.
Trabajes con nosotros en mentoría, en un proyecto concreto y acotado o en dirección continua, todo se mide igual: en puntos. La unidad no cambia, así que siempre sabes en qué se mide tu inversión y por qué.
Lo que cambia de un servicio a otro no es el método, es cuánto abarca cada decisión y qué proporción de producción, consultoría y dirección lleva.
![]() Mentoría para empezar a dirigir tu crecimiento
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![]() Dirección continua de tu sistema
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![]() Un proyecto cerrado de principio a fin
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![]() Gobierno integral de tus operaciones
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Entres por donde entres, mides tu trabajo con la misma unidad y la misma claridad.
Ningún trabajo entra en tu hoja de ruta como un bloque grande y opaco. Lo partimos en piezas pequeñas, cada una con sus puntos, para que veas exactamente qué apruebas y nada quede escondido.
Para medir esas piezas usamos una escala que avanza por intervalos: 1, 2, 3, 5, 8. Cuanto más grande es una pieza, más difícil es estimarla con precisión, así que cuando algo se sale de la escala, lo partimos antes de seguir. Mantener las piezas pequeñas es lo que nos permite ser honestos con cada número.
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1
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2
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3
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5
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8
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Sabes qué pagas
Detrás de cada número hay una decisión y un porqué que puedes ver, no una cifra cerrada que tienes que creerte. |
Sabes qué esperar
El alcance se acuerda antes de empezar, y si tus prioridades cambian, lo reordenamos contigo, nunca a tu costa. |
Es la diferencia entre aprobar un presupuesto porque lo entiendes y firmarlo porque no te queda otra.
El número que te decimos al principio es el que pagas al final.
No improvisamos el número delante de ti. Partimos de un baremo propio, afinado proyecto tras proyecto, que asigna puntos a cada tipo de trabajo según lo que mueve, y lo ajustamos a tu caso, porque no hay dos negocios iguales. Piensa en cada punto como una ficha de valor: sabes lo que vale antes de ponerla en juego y la cuentas una a una. El número no sale de una corazonada, sino de un criterio que podemos explicarte.
Lo definimos contigo al principio, dentro de la hoja de ruta, pero no de cero: ya tenemos estimado cuántos puntos lleva cada tipo de trabajo, y solo lo adaptamos a tu realidad. De ahí sale el número, con el alcance delante, antes de poner nada en marcha.
Sí, y es justo la ventaja de medir así. Puedes mover, ampliar o recortar sin rehacer el acuerdo entero: reordenamos las piezas contigo, no a tu costa.
Lo hablamos antes de empezarla, no después. Los puntos se acuerdan contigo; si algo no te cuadra, lo revisamos juntos hasta que el número tenga sentido para los dos.
No. En los servicios continuos, lo que no se consume no se evapora: se reordena contigo en la siguiente etapa, según lo que más mueva tu negocio en ese momento.
Si has llegado hasta aquí desde una propuesta, ya tienes el contexto que te faltaba: sabes en qué se mide tu inversión y por qué. Si todavía estás explorando, esto resume bien nuestra forma de trabajar: aquí sabes lo que pagas y lo que mueve. Y si lo que quieres saber es lo que cuesta, también está publicado: cuánto cuesta trabajar con ABH.
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